lunes, 26 de agosto de 2013

Quemando Las Banderas





Una bandera es un símbolo de unión, de gente que comparte algo en común, siendo necesaria cuando se quiere hacer notar que hay un colectivo que existe y desea dejar de ser ignorado para ser escuchado y ser tenido en cuenta. Es un símbolo que en sus colores y formas manifiesta esa voz.
Así nacieron las de los países y causas en el mundo, como la bandera arcoíris que tras el suceso del Stonewall en Greenwich Village, New York del ya lejano 28 de Junio de 1969, en el cual una comunidad se hartó ser ciudadanos de quinta, parias, perseguidos y avergonzados por ser diferentes solo por el hecho que romántica y sexualmente se inclinaban hacia su mismo sexo.
Todo empezó puro y con un sentimiento realmente fraterno, pero con el tiempo, al igual que con las naciones, la bandera se convirtió ese símbolo que nos apartaba y codificaba  de los demas en ese gueto que hoy llamamos mundo gay, y en vez de incorporarnos, armamos nuestro propia republiqueta con todos los vicios que esto trae. Y así, ser gay es algo casi religioso pues esta bandera señala nuestros lugares de socialización y encuentro, los cuales un espacio dentro y lejos del mundo heterosexual para ser nosotros mismos tras lo que la sociedad en general sabe que existe pero que no admite. Luego esta banderita se usa para introducirnos en un consumismo absurdo, porque tenemos el derecho a la unión y a la familia vetados, mas no el derecho a gastar y pagar impuestos como cualquier mortal; entonces tenemos boutiques gay, spa gay, agencias de viaje gay, accesorios gay pride e iconos supuestamente gay con los cuales identificarse, pero de paso obviando homosexuales realmente admirables en la historia que han hecho frente a esta sociedad, una que nos quiere borrar de su libro de penas.
Entonces ser gay se volvió algo idílico, pues si eras homosexual tenías que ser un efebo de gimnasio, de facciones angelicales, más vanidoso que el hombre heterosexual y tanto o más que las mujeres heterosexuales…básicamente réplicas del Miguel Ángel de Da Vinci y de las esculturas de Apolo que abundan en Grecia.
Entonces a mediados de los 80 otro tipo de homosexuales, lejos de la cultura pop y de ese ideal físico del adonis griego, quisieron manifestar que eran  maricones muy machos, con pelo en pecho y sin cuerpo esculpido, y si este era trabajado, no simulaban a Apolo sino a aquel icono de virilidad de la mitología griega, ese Hércules barbado y cubierto de vello que desafió fieras y copulo con tantas hembras como machos tenía a su alcance. Y así dentro de la bandera arcoíris nació una  bandera más, la de tonos pardos, las de los llamados osos. De nuevo todo fue fraternidad y buenas intenciones que con el tiempo crearon una subdivisión más, las de los gays, corpulentos, gordos y peludos junto con aquellos que los aman se obsesionan por ellos.
Así mismo se creó la bandera de los Leather (gays sadomasoquistas vestidos de cuero), la de los bisexuales, la de las lesbianas y otras tantas que simbolizaban otras subdivisiones de una comunidad.
Igualmente que la arcoíris, la parda con el tiempo se volvió un símbolo de distancia, y con más enfoque a un fetiche sexual que a la realidad inicial, pues estos machos barbados también iban a los mismos conciertos de Britney Spears, Madonna y demás; nada de Judas Priest y REM, ni siquiera Limp Wrist con un cantante modelo del hipermacho (todo un oso por cierto y se caga de la risa de eso) que declamaba la delicia de ser homosexual en sus liricas. Estos entes eran físicamente y forzadamente muy masculinos,  pero actitudinal mente y en maneras no muy diferentes a cualquier homosexual de un puticlub cualquiera.
Pero bien decía Emile Cioran en su Breviario de Podredumbre que la idea en si es neutra y pura pero el hombre proyecta en ella sus llamas y demencia; impura se transforma en creencias que con el tiempo da lugar a ideologías, doctrinas y farsas sangrientas.
En ese orden, toda idea por muy bonita que parezca se tuerce de acuerdo a la visión distorsioanda de quien la apadrina y difunde.
Por ello, el primer paso es decir no, y créanme si les digo que decir no es algo muy difícil, y ese no es el que dirá que no dejare que las etiquetas me definan, las que los heterosexuales quieran ponerme o las que yo mismo me tiente poner, ni mucho menos las que la comunidad gay se le antoje ponerme, porque si bien soy gay no soy parte de su comunidad,  yo soy parte de todo un mundo y no me importa la raza, sexo, inclinación sexual, nacionalidad, etnia, religión ni política de los demás, pues a la larga los aprecio o desprecio no por características tan superficiales, lo que hace que aprecie la gente va en su autenticidad, valor, sinceridad, individualidad y humanidad…Desprecio es la gente que es copia de otros, que necesitan de la aprobación de los demás y aglomerarse en causas banales, llenos de hipocresía y poca autenticidad, que siguen ideas idiotas sin sentido y no se miran a un espejo a ver cuán ridículos se ven.
Y digo no a las banderas, digo no a la de mi país o la de otro (y no es que no quiera a Colombia, pero no me trago ese patriotismo de cinco pesos de sombrero vueltiao, poncho y celebrando victorias de compatriotas que ni sabíamos existían, que solo felicitamos y usamos de orgullo casual ante ese complejo que tenemos de tercermundistas y hampones), digo no a la bandera arcoíris, digo no a la bandera parda…quemo todo lo que me pueda apartar de alguien solo por limitaciones tontas, es decir, si soy colombiano, aunque no soy igual a un italiano eso no quiere decir que no pueda compartir con alguno, e igualmente soy gay pero no todo tiene que ser gay en mi vida y vivir alejado de los heterosexuales como si fuesen seres de otro mundo…lo único que quiero me aparte, es ese algo que me aleje de la estupidez, prejuicio, poca amplitud mental, poses, pseudointelecto, falsedad, envidia y superficialidad que abunda en la gente que se regodea de ser diferente y en la contradicción de su discurso se ahogan en un callejón sin salida.

Quememos las banderas, por eso a partir de hoy Mr. Bliss no tendrá más bandera parda, ni oso del mes, ni me centrare a quedarme hablando del mundo gay, es hora de hablar de todo el mundo que hay alrededor.

1 comentario:

Jorge Mario Escobar dijo...

Muy buena reflexión!...sobre todo la afirmación que se devela entre lineas: la bandera es sólo un símbolo que se volvió una proyección de llamas y demencia; y como tal se convirtió en una impura transformación de las creencias en ideologías, doctrinas y farsas sangrientas. (citando a Emile Cioran)...